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lunes, 23 de marzo de 2009

A correr

Salgo a la calle prontito, un sol de escándalo choca contra mis indefensos ojos. Me dirijo a comprar algo vital para mí, tabaco. Esas caladas de placer, la sensación de tener el fuego entre tus dedos y expulsar el humo con trozos de pulmón; hace que sea incapaz de dejarlo, otra vez.

A la vuelta de la ansiada compra, me encuentro con un amigo, de aquellos que no veo hace por lo menos un siglo y medio. Amigos que se olvidaron de olvidar, que se encuentran aprisionados en un estado de amor pleno.

Los típicos: ¿Qué tal?, ¿Cómo te trata la vida?, haber si quedamos, ¿Cómo te va el trabajo?; cruzan la conversación bidireccional.

Me explica que esta opositando para Policía, como no. Que esta entrenando mucho. Y sale a correr todos los días. Mis piernas tiemblan al oírlo.

Recuerdo cuando yo también salía: el calor interno que te animaba a seguir, los calambres de después, sudar a chorros, conocer gente por el hecho de correr.

Llego a casa con el gusanillo en el estómago.

¡¡¡¡¡¡HOY SALGO A CORRER!!!!!!

Cargo en mi MP4, mi música favorita, The killers, Weezer, Franz Ferdinand. Cojo mi botellita de agua y me la bebo. Hay que salir bien hidratado.

Me calzo mis mallas, sí no os riáis corro en mallas, son más cómodas y te hacen un culito genial. Me enfundó mis zapatillas ultraligeras, para pisado ligeramente pronadora y me decido a salir.

Coloco mi cronómetro a cero y empiezo a calentar en casa. Estiramiento por aquí, por allá; Al trote. Abró la puerta y comienzo a bajar las escaleras a buen ritmo.

Estoy entusiasmado, que bien sienta el deporte.

Espera, algo falla. El gemelo, mierda puto gemelo, Dios que dolor, se me ha cargado. Miro a mi alrededor por si alguien me puede ayudar a estirarlo. Pero claro, quién se va a acercar a un tío con mallas.

Deprimido y decepcionado vuelvo cojeando a casa. Entro y veo el objeto de mis deseos, con el que empezó todo. Me fumó un cigarrito y pienso lo bien que me esta sentando. Seguramente mejor que las mallas